lunes, 7 de enero de 2013

El reloj no para

Estos días tengo un poquito más creatividad que de costumbre y he escrito, mejor dicho empezado algunos relatos de algunas cosas que os contaré mas adelante. Pese a esta fertilidad literaria he preferido esperar al artículo semanal, y tampoco hacer un megatocho.

Han sido unas fiestas un tanto extrañas. Por un lado, unas ganas locas de entrenar. Por otro unas anginas en puertas durante todos estos días.
Como lo que tiene que ser es, al final fue. Después de esquivar la enfermedad, al final la fiebre y la debilidad han dado con mis huesos en la cama un par de días.
Los que me conocéis sabéis que al poner la palabra "ansia" en cualquier buscador de internet sale mi foto, así es que ayer ya estaba probando el BKOOL. No pude ni acabar la sesión, estaba medio muerto, 1h y media larga para una sesión de 25 km de media montaña, pero es que estaba vacío de fuerzas por completo.

El reloj no para. Las navidades ya han pasado.
El tiempo vuela. Los meses pasan, y ya estamos en otro año. Hace muy poquito que 2013 acaba de empezar con sus 12 meses, 52 semanas, 365 días, 8760 horas, 525600 minutos y 31536000 segundos.

El reloj no para. La fecha clave en el calendario se acerca y cada vez se dispone de menos tiempo para entrenar. 3 meses para Arenales113 y 9 para el Tri-iberman, primer distancia ironman de mi vida.
Somos unos funambulistas del tiempo, ya que, muchas veces hacemos auténticos malabares para hacer posible cumplir en todas las facetas de nuestras vidas.

El reloj no para. Los meses tienen unas 4 semanas. La semana tiene siete días, que podemos dividir en 168 horas. Estas a su vez en 10.080 minutos, mucho tiempo a priori para entrenar y cumplir nuestro objetivo, nuestro sueño. Pero no lo es.
Si tomamos las 40 horas que cada semana pasamos trabajando, casi otra diaria en los trayectos de ida y vuelta al lugar donde desarrollamos nuestra jornada laboral y unas 6 ó 7 durmiendo, partimos de unas 114 efectivas realmente, para cada semana. A esto hay que restarle las horas que dedicamos a otros aspectos no menos esenciales en la vida, quehaceres diarios e ineludibles tanto para nuestra salud física y mental, como para tener una buena apariencia; comer, ducharse y relacionarse mínimamente; la cosa se reduce a unas 79.
Dando como se merece la prioridad absoluta a la familia y a los imprevistos diarios que pueden ocurrir, y créedme, ocurren, el tiempo se esfuma en un abrir y cerrar de ojos. No se cómo cuantificar el tiempo familiar, pero sería algo así como: un 33% del día, siendo esto unas 56horas semanales.
Con lo cual, si mis matemáticas no me fallan, horas efectivas para entrenar quedan reducidas a unas 23.
Esto llega pelado al tiempo mínimo recomendado semanalmente para la meta que nos hemos fijado.
Así es que como el reloj no para, por hoy dejo de escribir,  y me voy a entrenar, que ya estoy un poco mejor.

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